Película codirigida por dos profesionales de gran nivel. Se
basa en un relato corto de Senel Paz, que escribe el guión. Fue nominada al
Oscar a la mejor película en lengua extranjera. Ganó el Goya a la mejor
película extranjera de habla hispana. Obtuvo el Premio especial del Jurado del
Festival de Sundance y del Festival de Berlín.
La acción tiene lugar en La Habana en 1970. Narra la
historia de Diego (Jorge Perugorría), un intelectual de 40 años, homosexual,
amante de los helados de fresa, que por una apuesta intenta, sin éxito, seducir
a David (Vladimir Cruz), un joven militante comunista, heterosexual, que
estudia socialogía en la Universidad de La Habana, aficionado a los helados de
chocolate. La relación entre ambos, tirante al principio, se ve espoleada por
el dirigente político Miguel (Francisco Gattorno), deseoso de hallar pruebas
contra Diego. Pese a los engaños iniciales mútuos, entre Diego y David se
establece una sincera y profunda amistad. La película plantea el problema de la
homofobia, denuncia los prejuicios en los que se apoya y defiende la realidad
natural de la homosexualidad. Diego encarna la figura del homosexual
consciente, lúcido y culto, que afronta con buen ánimo el ambiente opresivo que
vive en su ciudad. En este punto se muestra el grado de marginación de los
homosexuales (Diego pierde la licencia de trabajo en todo lo relacionado con la
cultura) en el marco cubano y en el más general de sociedades avanzadas que no
han superado del todo viejos prejuicios. El tema no es nuevo, pero la película
contiene elementos particularmente sugerentes: explica sin tensiones, razona
con fundamentos, habla con serenidad, rehuye la confrontación, asume la
intolerancia con fortaleza y quiere contribuir a ampliar el espacio universal
de la no discriminación.
La música, dirigida por José M. Vitier en su primera
experiencia cinematográfica, ofrece un fragmento de "Il Trovatore",
de Verdi, interpretado por María Callas. Añade composiciones para piano de
Ignacio Cervantes ("Adiós a Cuba", "Ilusiones perdidas") y
de Ernesto Lecuona. Incluye una canción cubana interpretada por Beni Moré. La
fotografía presenta juegos de luces anteriores, posteriores y laterales;
azuladas, doradas y blancas. Prefiere los encuadres próximos. El guión,
realizado por Senel Paz ("Malena es un nombre de tango", "Cosas
que dejé en La Habana") se desarrolla con parsimonia y resalta la belleza
de unos diálogos muy bien escritos. La interpretación de Jorge Perugorría es
admirable y muy acertada la de Vladimir Cruz. La dirección crea el clima
adecuado para que el relato llegue al espectador y le emocione.