Me sorprende que haya gente que opine que "Little Miss
Sunshine" es una mala copia de cine indie y que acaba perdiendo su
espíritu indie siendo una americanada como otra cualquiera. Esto a mi me suena
más a excusa que a otra cosa, igual si no hubiera tenido tanto éxito ni hubiera
gustado tanto dirían otra cosa. Más que probable, es seguro. Y hay casos como
el de esta película en el que la hayan visto 3.000 personas o quince, sea indie
o haya costado 200 millones, para nada debería importar, pues es su vitalista
mensaje lo que la aleja de todo tipo de convencionalismos. "Little Miss
Sunshine" es todo un canto a la diferencia, al ser uno mismo y no tener
complejos, al saber disfrutar de nuestras limitaciones y aprovecharlas, es un
canto a la vida. Además de una comedía cínica de la hostia con un reparto de
lujo, que emociona y saca lo más bonito de todos nosotros.
La galería de personajes que forma la disparatada familia
protagonista es excelente. Mezcla perfectamente lo cómico con lo dramático, lo
freak con lo cotidiano, lo absurdo con lo profundo.
Incansable e infatigable madre que no exenta de sufrimiento
consigue mantener unida a la familia; el padre que se encuentra en la búsqueda
constante de ese éxito que nunca llega porque no había mirado en el sitio correcto;
el abuelo disfrutando sus últimas caladas de vida, su naturalidad es admirable;
el tío con tendendencias suicidas se siente rechazado, su trabajo y su relación
se han ido al garete por su timidez, su cobardía y sus complejos; el hijo
aislándose en su mundo, no habla con nadie, se siente extraño y sólo desea
lograr su sueño, sueño que a la postre le resulta imposible y le abre las
puertas del mundo real; y esa niña, bendita niña. Es todo dulzura, encanto,
alegría, ingenuidad, amor, felicidad... para ser feliz sólo hace falta mirarla
a la cara. Ella cambia a su familia, nos cambia a todos.
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